HOY, NO ES AYER: San Francisco y Cortes
Andrei Arenas
Sábado, 1 de junio 2024, 18:41 | Actualizado 20:10h.
En esta mañana de primer sábado de junio, me adentro en uno de los barrios más multiculturales de Bilbao. Aquí conviven distintas culturas y etnias, desde africanas hasta asiáticas, formando un mosaico vibrante y diverso. Este barrio no solo es un ejemplo de la rica diversidad de la ciudad, sino también un reflejo de los desafíos y oportunidades que surgen de la convivencia multicultural.
Converso con un usuario habitual del Koops SF34, un espacio de trabajo cooperativo. Este hombre, que vino de Senegal, me comenta que la presencia de tanta seguridad es algo normal. Desde su llegada, su único objetivo ha sido adaptarse al modo de vida local. Nunca ha pensado en hacer algo fuera de la ley; prefiere emprender y trabajar. De hecho, regenta uno de los bazares de la calle San Francisco, donde ofrece una variedad de productos que atraen tanto a locales como a otros inmigrantes. Su historia es un testimonio de esfuerzo y dedicación, y un ejemplo de cómo los inmigrantes pueden contribuir positivamente a la economía local.
Un rato después, encuentro una patrulla de la Ertzaintza y pregunto sobre el estado del barrio. Me responden que en los últimos años el barrio no está en su mejor momento. Aunque reconocen la diversidad cultural, también señalan un aumento en la inseguridad y la delincuencia, particularmente entre los inmigrantes. La policía enfrenta el reto de mantener la paz y la seguridad en un entorno tan heterogéneo. Continúo mi recorrido por las calles y me encuentro con un control policial en un parque infantil. Lo que debería ser un lugar para niños está lleno de inmigrantes siendo cacheados por la policía. La Ertzaintza realiza un control rutinario a magrebíes con cuentas pendientes con el juzgado. Aunque no parece haber tensión en este momento, en ocasiones anteriores ha habido enfrentamientos. Este tipo de controles son vistos por algunos como necesarios para la seguridad, mientras que otros los perciben como una forma de discriminación.
Conversando con un vecino de la zona, me cuenta cómo cada mañana saca a su perro a pasear y observa la misma realidad que hace diez años, solo que ahora con más canas. Hay tantas opiniones como personas: mientras unos sostienen que el barrio se ha degradado, otros no notan un empeoramiento. Esta disparidad en las percepciones refleja la complejidad de vivir en un área tan diversa, donde la experiencia diaria puede variar significativamente de una persona a otra.
En la calle Cortes, los primeros bares acaban de abrir. Mientras percibo el ambiente, me viene a la mente ese dicho popular que comienza con “Noches alegres…”. Después de la gaupasa, los últimos de Filipinas se atreven a pedir otro botellín de cerveza. La vida nocturna del barrio es vibrante y, a pesar de los desafíos, sigue siendo un lugar donde la gente busca disfrutar y relajarse después de una larga semana.
Este barrio de Bilbao es un reflejo de los contrastes de la vida urbana moderna, donde la multiculturalidad y la seguridad conviven en una compleja danza diaria. La convivencia de diversas culturas trae consigo tanto desafíos como enriquecimiento cultural. Es un recordatorio de que, aunque las diferencias pueden parecer a veces insuperables, también pueden ser una fuente de fortaleza y belleza. La clave está en encontrar un equilibrio que permita a todos los residentes, independientemente de su origen, vivir en armonía y prosperar juntos.
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